26 04 2010

“La palabra más soez y la carta más grosera son mejores, son más educadas que el silencio”.

Friedrich Nietzsche escribió la sentencia que subtitula este pequeño espacio, refiriéndose a la necesidad de expresión que se encuadra dentro de su filosofía vitalista. Años más tarde, Elisabeth Noelle-Neumann (fallecida ayer, 25 de marzo de 2010) crea el concepto de “espiral del silencio”, con el que denomina la imposibilidad de los individuos cuya opinión es diferente a la de la mayoría de alzar la voz y hacerse escuchar. Esto provoca que la postura mayoritaria prevalezca, invariable, ejerciendo el dominio público.

La aparición de los medios de comunicación de masas supone la invasión de esta opinión mayoritaria en todas las facetas de la vida social. La televisión, la prensa, el cine… adoptan unas fórmulas de comportamiento que se van perfeccionando para hacerse eficientes a medida que van calando en el modo de vida popular, llegándose al extremo de que los medios pueden no únicamente referir la realidad de un modo u otro, sino decidir qué existe o no. La posibilidad de expresión del individuo se reduce, con la expansión de los medios, a polvo; y no compartir los códigos con que están configurados estos espacios en la nueva ágora (a la que sólo unos pocos tienen acceso, y, como veremos, están influenciados por centros de poder) significa no existir desde un punto de vista social.

Pero Internet y su explosión de los últimos años lo han cambiado todo. De repente, y si lo desea, un ciudadano puede crear su espacio en la red infinita. Puede dar rienda suelta a su creatividad sin límites y mostrar su acuerdo, desacuerdo o posición con respecto a cualquier tema. Puede hacerse público, subir al estrado, gritar lo que considere necesario (al menos en muchos países). Las preguntas hoy son si su voz, que antes hacía resonar el eco sobre el silencio, puede escucharse hoy entre el ruido -el exceso de información al que vivimos sometidos en la Sociedad de la Información-; y si, precisamente, lo que ese individuo desea gritar es tan necesario como pretendía o sólo se hace oír por aburrimiento, ignorancia, o para realizar sus tareas de clase.

Pero estas incertidumbres no son las que nos ocupan hoy. Iniciemos este pequeño viaje con una visión optimista, y veamos en la red un arma para terminar con la espiral de silencio. Veamos en ella el lugar físico e ideolçogico desde el que la postura de la minoría, puede triunfar; el lugar libre de influencias donde confluyen las experiencias de los individuos para crear una realidad alternativa a la “oficial”  impuesta por los medios. Hagámonos oír. Gritemos. Para ello, espero tu colaboración; tanto si en lo que dices estás de acuerdo conmigo o me criticas duramente. Tu ayuda, tus propios gritos, son esenciales para que los míos tengan sentido. Para que mis humildes bombas antisilencios no hagan resonar el eco  en medio de la nada.

Bienvenid@, navegante. Este es un lugar, tu lugar,  para romper el silencio.